Iñaki Ochoa Del Olza historia y muerte de un montañero:


Iñaki Ochoa de Olza fue el primer español en ascender un ochomil en 24 horas. En la siguiente imagen vemos al pamplonica agotado tras subir el Lhotse en menos de un día.

Iñaki Ochoa de Olza era un montañero de pura raza, de esos que desde su juventud ascienden a las montañas con la ilusión de un niño. Su afición por la escalada le llevó a ser un habitual del Himalaya, donde aprendió nepalí y ejerció de guía de montaña para subir a los picos. Ya fuera con clientes o con expediciones, Ochoa de Olza dedicó gran parte de su vida a la cordillera y conocía el Everest en profundidad.
El español, que había nacido en Pamplona hacía 41 años, colaboraba habitualmente para el Diario de Navarra, publicaciones especializadas como Desnivel y había participado en diversas ocasiones en el programa Al filo de lo Imposible, de RTVE, además de numerosas colaboraciones para agencias y medios internacionales. Instructor de escalada y alpinismo, también se dedicaba a la divulgación con charlas y conferencias con ocasionales actuaciones como fotógrafo. En este sentido, su objetivo era publicar su libro este año tras haber afrontado él mismo los gastos de edición. Cuando volvía a casa disfrutaba de la familia y hasta inició estudios de Filosofía cuando no leía alguno de los más de 600 libros de su biblioteca.

Su último reto era ascender los 14 ochomiles, de los que había escalado 12 principales, además de 2 repeticiones, desde que el 20 de septiembre de 1993 subiera el Cho Oyu por primera vez. No obstante, ya con 22 años se dirigió al Kachenjunja en una primera experiencia que iniciaría su adicción a la montaña y había logrado el récord de ser el primer español en ascender un ochomil en 24 horas. La escalada se convirtió para él en una auténtica pasión que le atraía como las sirenas de la Odisea. Ochoa de Olza se veía reflejado en las palabras de Doug Scott: "atado al mástil como Ulises, buscando esas islas que brillan con luz propia".

Muerte en el Annapurna:
"Que no se asuste nadie; no me he vuelto loco del todo, ni estoy peleado con el mundo, ni tampoco me he asociado con lo más granado del nacionalsocialismo. La lucha de la que hablo hoy, mi desesperado anhelo por pisar la cima del Annapurna, es pacífica y espero que noble, apasionada y también quizás algo rebelde, aunque jamás a cualquier precio".

Así empezaba la última anotación escrita por el montañero Iñaki Ochoa en su blog, pocas horas antes de intentar coronar la cima del Annapurna (8.091 metros). Ocho días después, su sueño le ha costado el mayor de los precios, su propia vida.

El alpinista navarro, que durante cuatro días se debatió entre la vida y la muerte a 7.400 metros de altitud, anhelaba pasar unos minutos "en paz" en la cumbre del Annapurna, la décima cumbre más elevada de la tierra y uno de los 'ochomiles' más peligrosos del Himalaya. "Y después continuar nuestro camino agradecidos"
Ochoa explicaba así la dificultad de la empresa que tenía ante sí. "Grietas, avalanchas, tormentas, broncas con algún compañero... Alguien definió con acierto al Annapurna como la personificación geológica de la angustia. Yo añadiría sin dudarlo el desamparo y la amarga sensación de ser el último habitante de este planeta. Cuando te plantas debajo, descubres que da igual que pises la cima o que no lo hagas, nada va a cambiar en ambos casos".

Según reconocía el alpinista de Pamplona, de 40 años, su deseo por pisar la cumbre era incontrolable. "Esa cima que centellea con rabia sólo mide con exactitud nuestra propia vanidad, nuestra 'impermanencia' irremediable. A veces me gustaría ser libre de mis propios deseos, como un budista cualquiera, y ser feliz sólo contemplando la belleza de lo que me rodea, sin necesidad de escalarla. Pero esta es una montaña fantástica, y yo un hambre débil, y el deseo ha crecido tanto que ya es difícilmente controlable sin amenazas".

En esta foto Iñaki Ochoa, flanqueado por el rumano Horia Colibasanu y el canadiense Don Bowie.
Ochoa llevaba toda su vida preparándose para coronar el Annapurna. Así lo contaba en su blog: "La lid a la que me refiero hace que llevemos casi 30 años preparándonos para cuatro días de escalada, muchos meses de entrenamientos específicos con la mente puesta sólo en una cosa, y también ya más de 70 días en Nepal". Sólo esperaba que las condiciones meteorológicas le permitiesen cumplir su sueño. "Esperamos ansiosos el OK por parte de los meteorólogos suizos que, vil metal mediante (son suizos pero no idiotas), nos ayudan con sus previsiones".

En la misma anotación del 15 de mayo, Ochoa enviaba un mensaje de apoyo a dos amigos. "Mis mejores deseos a Mikel Bidaurre y a su padre, mi amigo Aurelio, que se hallan ahora ante una montaña mucho más difícil que cualquier Annapurna". Y en un 'post' del 8 de mayo agradecía el apoyo de su novia, Nancy.

"Mi novia canadiense, Nancy, está aquí apoyando mi escalado y aguardando pacientemente nuestro retorno del intento de cumbre. Su belleza, bondad, inteligencia y compasión iluminan mis días y me inspiran constantemente. No sé cómo y cuándo se lo podré devolver, así que lo diré ahora: Gracias, mi amor, volveré pronto desde el otro lado de ese océano solitario...".
El 23.05.2008
El montañero navarro Iñaki Ochoa de Olza fallece al no poder superar las graves lesiones sufridas en el descenso del Annapurna. Tras pasar seis noches a 7.400 metros de altura, cuatro de ellas enfermo, semiinconsciente y con edemas cerebrales y pulmonares, el alpinista ha fallecido a las 8.45 horas de la mañana hora española en la pared sur de la montaña nepalí, según han confirmado fuentes de la familia a RTVE.es.

La noticia llegaba a primera hora de la mañana hasta Navarra, donde los amigos y familiares de Iñaki llevan cuatro días moviendo cielo y tierra para tratar de sacarle de la montaña. "No ha podido aguantar. Las noticias de ayer por la noche no eran buenas, pero aún teníamos la esperanza de que resistiera una noche más. La ayuda estaba en camino, Urubko estaba a solo tres horas de la tienda de Iñaki, y llevaba oxígeno que le podía haber ayudado. Pero no ha podido ser", explicaba su amigo y compañero Jorge Nagore, uno de los que desde hace cuatro días organiza las labores de rescate desde Navarra.
fotografia de Iñaki Ochoa, en el campo base, antes de emprender la ascensión al Annapurna
Espectacular operación de rescate

Porque el operativo montado para tratar de bajar vivo a Iñaki ha sido uno de los más espectaculares jamás visto en el Himalaya, aunque al final ha resultado ser infructuoso. Desde el primer momento el rumano Horia Colibasanu, compañero de expedición de Iñaki, permaneció en la tienda junto al navarro abrigándole e hidratándole a la espera de ayuda. Ésta llegó de la mano del suizo Ueli Steck, que ayer por la mañana logró, en un tiempo record, llegar hasta la altura donde estaba Iñaki para suministrarle medicamentos para tratar el edema que sufría.

Mientras, desde España y desde Katmandú se organizaban más expediciones de rescate. Iñaki, sumamente afectado por la altura -que empezó provocándole congelaciones, luego convulsiones, tos, dificultad respiratoria y finalmente un fallo multiorgánico- necesitaba descender y hacían falta muchas manos para bajarle de allí. La ayuda estaba en camino, y a punto de llegar, cuando al navarro le dejó de latir el corazón.

Ueli, a su lado en la tienda, trató de hacerle un masaje cardíaco durante más de 15 minutos, pero los intentos de reanimación fueron en vano. La situación de Iñaki había empeorado en las últimas horas, con un edema pulmonar que le probvocaba dificultad respiratoria, que sumada al edema cerebral, la deshidratación y las congelaciones acabó con su vida.

La punta de lanza del operativo de rescate era el kazajo Dennis Urubko, que estaba realizando un ascenso ultrarápido hasta el campo IX llevando oxígeno para Iñaki. Algo más abajo estaban subiendo el canadiense Dennis Bowie y otro montañero polaco, que subían una cámara hiperbárica para que el navarro recibiera tratamiento inmediato. Y desde Pokhara, en Nepal, acababa de despegar un helicóptero cargado de montañeros que se habían ofrecido voluntarios en las últimas horas para dejar sus planes -billetes de avión de vuelta a casa, expediciones propias...- para ir al rescate de Iñaki. "No sabemos cómo agradecérselo", dice Nagore emocionado. "Se han jugado el bigote por ayudarnos a salvar a Iñaki, y se han quedado ahí, a un pasito de él. No sabemos si hubiera reaccionado con el oxígeno y la cámara, porque tampoco estaba reaccionando a la medicación y llevaba ya muchos días a esa altura. Pero estaban dejándose la piel por sacarle de ahí".
Enterrado en el hielo

La familia y los amigos de Iñaki sólo tienen palabras de agradecimiento para todos los que han intentado colaborar, cada uno a su manera. "Algunos de los que han subido eran amigos de Iñaki, otros no le conocían, pero todos se han jugado la vida por él, y eso no se puede olvidar nunca", explica. Ahora, la principal prioridad de todos los organizadores del rescate es que todos y cada uno de ellos puedan volver lo antes posible a la relativa seguridad del campo base. "El tiempo está empeorando, todos llevan mucho tiempo ahí arriba y no queremos poner a nadie en peligro".

Probablemente será el propio Ueli, compañero de Iñaki en sus últimas horas de vida, quien entierre al navarro en el hielo en el mismo sitio donde ha fallecido y emprenda rápidamente el descenso. "Quizá Urubko siga subiendo para acompañar a Ueli en estos duros momentos y luego bajar los dos, pero lo que queremos es que bajen todos ya", dicen desde Navarra.

1 comentario:

Josete dijo...

Muy buen post.Gran escalador.